Suzanne Anker genera conocimiento a través del bioart

Suzanne Anker empezó a estudiar microbiología con el objetivo de plantear fusiones posibles a través del arte. Tiene una serie que se llama Remote Sensing.

Por medio de formas de lentes, mandalas o pequeños universos combina especímenes botánicos, artefactos médicos, aparatos de laboratorio, imágenes microscópicas y especies geológicas.

En su obra hay un poco de elementos artificiales y naturales, como considera que ocurrirá en el futuro.

Su trabajo puede ser usado en la sociedad real. Lo piensa como un lugar revolucionario. La semana pasada estuvo en San Cristóbal, en Galápagos, con un grupo de artistas con los que, a través de materiales orgánicos, pensaron el futuro del universo.

Anker nunca creyó en la filosofía de que los animales no tienen alma y que son como unas máquinas. Siempre estuvo convencida de que los humanos nos comunicamos con los animales.

“Yo no crecí en ese mundo”, dice antes de empezar un taller con artistas en la Biblioteca de las Artes en Guayaquil.

Es una de las pioneras del bioart. Siempre estuvo impresionada por la variedad de la naturaleza, por los colores de las plantas, por la cantidad de aves que vuelan en el cielo. Cree que su trabajo genera conocimiento y es al mismo tiempo una síntesis del futuro.

Trabaja con los elementos de la ciencia. “Hacer arte es una forma de lidiar con la historia, con la conciencia, con lo que percibimos, trabajar con el mundo natural para pensar formas nuevas”, agrega.

No considera que las propuestas de Gobierno que evaden las lógicas contra el cambio climático sean un conflicto. “Pienso que América siempre ha estado interesada en la tecnología, en inventar, creo que hay nuevas competencias ahora, para hacer un mundo más sostenible”, dice.

Cree que hay muy poco tiempo para revertir lo que se ha hecho. El laboratorio que lleva es una manera de crear conocimiento sobre un trabajo que -considera- “se vincula con la sociedad de una manera que el arte abstracto no lo ha hecho”.

Suzanne Anker empezó a estudiar microbiología con el objetivo de plantear fusiones posibles a través del arte. Tiene una serie que se llama Remote Sensing.

Por medio de formas de lentes, mandalas o pequeños universos combina especímenes botánicos, artefactos médicos, aparatos de laboratorio, imágenes microscópicas y especies geológicas.

En su obra hay un poco de elementos artificiales y naturales, como considera que ocurrirá en el futuro.

Su trabajo puede ser usado en la sociedad real. Lo piensa como un lugar revolucionario. La semana pasada estuvo en San Cristóbal, en Galápagos, con un grupo de artistas con los que, a través de materiales orgánicos, pensaron el futuro del universo.

Anker nunca creyó en la filosofía de que los animales no tienen alma y que son como unas máquinas. Siempre estuvo convencida de que los humanos nos comunicamos con los animales.

“Yo no crecí en ese mundo”, dice antes de empezar un taller con artistas en la Biblioteca de las Artes en Guayaquil.

Es una de las pioneras del bioart. Siempre estuvo impresionada por la variedad de la naturaleza, por los colores de las plantas, por la cantidad de aves que vuelan en el cielo. Cree que su trabajo genera conocimiento y es al mismo tiempo una síntesis del futuro.

Trabaja con los elementos de la ciencia. “Hacer arte es una forma de lidiar con la historia, con la conciencia, con lo que percibimos, trabajar con el mundo natural para pensar formas nuevas”, agrega.

No considera que las propuestas de Gobierno que evaden las lógicas contra el cambio climático sean un conflicto. “Pienso que América siempre ha estado interesada en la tecnología, en inventar, creo que hay nuevas competencias ahora, para hacer un mundo más sostenible”, dice.

Cree que hay muy poco tiempo para revertir lo que se ha hecho. El laboratorio que lleva es una manera de crear conocimiento sobre un trabajo que -considera- “se vincula con la sociedad de una manera que el arte abstracto no lo ha hecho”.

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